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domingo, 29 de julio de 2012
Jorge Eduardo Eielson - Azul Ultramar (fragmento)
Esta ciudad con casas
con restaurantes
con automóviles
con fábricas y cinemas
teatros y cementerios
y escandalosos
avisos luminosos
para anunciar a dios con insistencia
con deslumbrantes criaturas
de papel policromado
que devoran coca-cola
bien helada
con espantosos remates
de vestidos usados
sexo y acción
heroísmo y pasión
technicolor por doquier
con elegantes
señores que sonríen y sonríen
y operarios que trabajan y trabajan
con miserables avenidas
que huelen a ropa sucia
y miserable ropa sucia
que huele a puro mármol
(tal como tu cuerpo
criatura
fabuloso bajo el ruido de mil klaxons
y motores encendidos)
(De "habitación en Roma",1951 - 1954
martes, 2 de agosto de 2011
Jorge Luis Borges - Otro Poema de los Dones

Gracias quiero dar al divino laberinto de los efectos y de las causas
por la diversidad de las criaturas
que forman este singular universo,
por la razón, que no cesará de soñar con un plano del laberinto,
por el rostro de Elena y la perseverancia de Ulises,
por el amor, que nos deja ver a los otros como los ve la divinidad,
por el firme diamante y el agua suelta,
por el álgebra, palacio de precisos cristales,
por las místicas monedas de Angel Silesio,
por Schopenhauer, que acaso descifró el universo,
por el fulgor del fuego que ningun ser humano puede mirar si un asombro antiguo,
por la caoba, el cedro y el sándalo,
por el pan y la sal,
por el misterio de la rosa que prodiga color y que no lo ve,
por ciertas vísperas y dias de 1955,
por los duros troperos que en la llanura arrean los animales y el alba,
por la mañana en Montevideo,
por el arte de la amistad,
por el último dia de Sócrates,
por la palabras que en un crepúsculo
se dijeron de una cruz a otra cruz,
por el sueño del Islam que abracó
mil noches y una noche,
por aquel otro sueño del infierno,
de la torre del fuego que purifica
y de las esferas gloriosa,
por Swedenborg, que conversaba con los ángeles en las calles de Londres,
por los ríos secretos e inmemoriales que convergen en mi,
por el idioma que , hace siglos, hablé en Nortumbría,
por la espada y el arpa de los sajones,
por el mar que es un desierto resplandeciente
y una cifra de cosas que no sabemos
y un epitafio de los vikings,
por la música verbal de Inglaterra,
por la música verbal de Alemania,
por el oro, que relumbra en los versos,
por épico invierno,
por el nombre de un libro que no he leído: Gesta dei per Francos, por Verlaine, inocente como los pájaros,
por el prisma de cristal y la pesa de bronce,
por la rayas del tigre,
por las altas torres de San Francisco,
y de la isla de Manhattan,
por la mañana en Texas,
por aquel sevillano que redactó la Epístola Moral
y cuyo nombre como él hubiera preferido, ignoramos,
por Séneca y Lucano de Cordova,
que antes del español escribieron toda la literatura española,
por el geométrico y bizarro ajedrez,
por al tortuga de Zenón y el mapa de Royce,
por el olor medicinal de los eucaliptos,
por el lenguaje, que puede simular la sabiduría,
por el olvido, que anula o modifica el pasado,
por la costumbre, que nos repite y nos confirma como un espejo,
por la mañana, que nos depara la ilusion de un principio,
por la noche, su tiniebla y su astronomia,
por el valor y la felicidad de los otros,
por la patria, sentida en los jazmines o en una vieja espada,
por Whitman y Francisco de Asís,
que ya escribieron el poema,
por el hecho de que el poema es inagotable,
y se confunde con la suma de las criaturas,
y no llegará jamás al último verso y varía según los hombres,
por Francis Haslam, que pidió perdón a sus hijos,
por morir tan despacio,
por los minutos que preceden al sueño,
por el sueño y la muerte,
esos dos tesoros ocultos,
por los íntimos dones, que no enumero,
por la música, misteriosa forma del tiempo.
viernes, 1 de julio de 2011
Luis Hernández - 1001, ODISEA DEL ESPACIO (2001 y una noches Blanca Nieves y los 007 enanos)

El Astronauta echó una última mirada sobre La Tierra, y después otra.
No podía apartar sus ojos de aquel zafiro incrustado en el espacio:
Su nave dirigíase a Júpiter y sus catorce satélites. Y al fondo la música incesante de las esferas. Porque así debe ser cumplir lo soñado.
En el camino que se extiende al mismo del acantilado encontré alguna vez la vida que es mía. Se llegaba a los ojo una superficie cuarteada, surcada, calma y serena como es hábito de las hojas. Tú llevabas con simpleza lo inolvidable lo para mí inolvidable:
El capitán Paxton seleccionó dos láminas de silicio, insertó en los controles de la astronao y se dispuso a resolver el rumbo.
Luego de arrojar por la escotilla dos calculadoras electrónicas, amartizó intuitivamente.
Phobos y Deimos, pobres rocas aherrojadas por las leyes d la gravitación, daban al cielo de Mars un cantábile de Año Nuevo terráqueo.
Cuando en el Lawn Tennyson de la Exposición se arrojA uno a la piscina, porque el llamado smoking no es para un corazón
De algo me hablas
Pero el estruendo
De tu corazón...
-De "El Curvado Universo" serie de cuadernos 1971-1975.
miércoles, 15 de diciembre de 2010
El guardián del hielo - José Watanabe

Y coincidimos en el terral
el heladero con su carretilla averiada
y yo
que corría tras los pájaros huidos del fuego
de la zafra.
También coincidió el sol.
En esa situación cómo negarse a un favor llano:
el heladero me pidió cuidar su efímero hielo.
Oh cuidar lo fugaz bajo el sol...
El hielo empezó a derretirse
bajo mi sombra, tan desesperada
como inútil
Diluyéndose
dibujaba seres esbeltos y primordiales
que sólo un instante tenían firmeza
de cristal de cuarzo
y enseguida eran formas puras
como de montaña o planeta
que se devasta.
No se puede amar lo que tan rápido fuga.
Ama rápido, me dijo el sol.
Y así aprendí, en su ardiente y perverso reino,
a cumplir con la vida:
Yo soy el guardían del hielo.
De Cosas del cuerpo
lunes, 6 de diciembre de 2010
Walt Whitman - Canto a mi mismo (fragmento)

Ventiocho mancebos se bañaban cerca de la ribera;
ventiocho mancebos, y todos tan camaradas;
Ventiocho años en la vida de una mujer y, todavía tanta soledad.
Ella posee la hermosa casa que se levanta en lo alto de la costa;
Elegante y ricamente ataviada, espía detrás de las persianas.
¿Cuál de los muchachos le agrada más?
¡Ah! El más rústico de todos es hermoso para ella.
¿Hacia dónde acudes, señora? Porque yo te veo;
Chapoteas con ellos en el agua, y, sin embargo, permaneces retraída en tu cuarto.
Bailando y riendo, a lo largo de la playa, llega ésta que es la vigésimo novena bañista;
Los muchachos, empero, no ven a la dama, si bien ella los ve y los desea.
las barbas de los mancebos relucen empapadas, y el agua
chorrea por sus largos cabellos;
Hilillos de agua se deslizan por sus cuerpo.
Una mano invisible se desliza también por encima de sus cuerpos,
Y temblorosa desciende desde sus sienes
y a lo largo de sus torsos.
Los muchachos nadan de espaldas, los blancos vientres se
entregan al sol, no preguntan quien los abraza;
Ignoran quien suspira y sobre ellos se inclina pendiente y
combada como un arco.
Ni saben a quien salpican cuando se zambullen.
lunes, 18 de octubre de 2010
Poema Canto Tercero - Luis Hernandez
Astronauta,
A mil millas del mundo que los hombres crearan
Para nunca conducir,
Algo conoces de esta tierra
Y algo olvidas,
Algo conoces de las aguas,
Y relatas solitario a tus espacios:
En Atlántida, cuando se hunde océano
Brillan oxidadas las máscaras de los esclavos.
Piensa ahora que te anudas a las tardes
Con el limo en los ojos.
Piensa, con un niño en el pómulo celeste:
A la vuelta está el viento,
El paisaje deleznable de las nieves.
No temas nunca el mar
Que también tiembla.
No juzgues la carrera del Sol
Coronado por los zorros.
Suelta tus manos en los vuelos ajados del alambre:
En la última esquina del tiempo,
Mendigando en retorno, condenado,
Hallarás las mil fases de lo eterno.
De “Cantos de Pisac”
A mil millas del mundo que los hombres crearan
Para nunca conducir,
Algo conoces de esta tierra
Y algo olvidas,
Algo conoces de las aguas,
Y relatas solitario a tus espacios:
En Atlántida, cuando se hunde océano
Brillan oxidadas las máscaras de los esclavos.
Piensa ahora que te anudas a las tardes
Con el limo en los ojos.
Piensa, con un niño en el pómulo celeste:
A la vuelta está el viento,
El paisaje deleznable de las nieves.
No temas nunca el mar
Que también tiembla.
No juzgues la carrera del Sol
Coronado por los zorros.
Suelta tus manos en los vuelos ajados del alambre:
En la última esquina del tiempo,
Mendigando en retorno, condenado,
Hallarás las mil fases de lo eterno.
De “Cantos de Pisac”
sábado, 16 de octubre de 2010
Jorge Luis Borges - El Sueño
Si el sueño fuera (como dicen) una
tregua, un puro reposo de la mente,
¿por qué, si te despiertan bruscamente,
sientes que te han robado una fortuna?
¿Por qué es tan triste madrugar? La hora
nos despoja de un don inconcebible,
tan íntimo que sólo es traducible
en un sopor que la vigilia dora
de sueños, que bien pueden ser reflejos
truncos de los tesoros de la sombra,
de un orbe intemporal que no se nombra
y que el día deforma en sus espejos.
¿Quién serás esta noche en el oscuro
sueño, del otro lado de su muro?
tregua, un puro reposo de la mente,
¿por qué, si te despiertan bruscamente,
sientes que te han robado una fortuna?
¿Por qué es tan triste madrugar? La hora
nos despoja de un don inconcebible,
tan íntimo que sólo es traducible
en un sopor que la vigilia dora
de sueños, que bien pueden ser reflejos
truncos de los tesoros de la sombra,
de un orbe intemporal que no se nombra
y que el día deforma en sus espejos.
¿Quién serás esta noche en el oscuro
sueño, del otro lado de su muro?
lunes, 11 de octubre de 2010
Vieja Ciudad - Humberto Saba
A menudo en turbias noches
salgo de mi casa,
a gozar de mi vieja Trieste,
donde parpadea la luz en las ventanas
y la calle es mas estrecha y populosa.
Entre la gente que va y viene
de la cantina al lupanar o a la casa,
donde mercancias y hombres son desechos
de un gran puerto de mar,
vuelvo a encontrar, pasando, el infinito
de la humildad.
Aquí prostituta y marinero, el viejo que blasfema
y la mujerzuela que disputa,
el guardia sentado en el puesto
de frituras,
la tumultuosa joven enloquecida de amor,
todas son criaturas de la vida y del dolor;
se agita en ellos como en mí, el Señor.
Aquí siento también en rara compañia
mi pensamiento hacerse más puro
donde más sucia es la vida.
(traducción de Alberto Girri y Carlos Viola Soto)
salgo de mi casa,
a gozar de mi vieja Trieste,
donde parpadea la luz en las ventanas
y la calle es mas estrecha y populosa.
Entre la gente que va y viene
de la cantina al lupanar o a la casa,
donde mercancias y hombres son desechos
de un gran puerto de mar,
vuelvo a encontrar, pasando, el infinito
de la humildad.
Aquí prostituta y marinero, el viejo que blasfema
y la mujerzuela que disputa,
el guardia sentado en el puesto
de frituras,
la tumultuosa joven enloquecida de amor,
todas son criaturas de la vida y del dolor;
se agita en ellos como en mí, el Señor.
Aquí siento también en rara compañia
mi pensamiento hacerse más puro
donde más sucia es la vida.
(traducción de Alberto Girri y Carlos Viola Soto)
sábado, 9 de octubre de 2010
Luis Hernandez - Poesía
martes, 5 de octubre de 2010
Jorge Eduardo Eielson - Mutatis Mutandis - 1954 (fragmento)
“escribo algo/algo todavía/algo más aún/añado palabras pájaros/hojas secas viento/borro palabras nuevamente/borro pájaros hojas secas viento/escribo algo todavía/vuelvo a añadir, palabras/palabras otra vez/palabras aún/además pájaros hojas secas viento/borro palabras nuevamente/borro pájaros hojas secas viento/borro todo por fin/no escribo nada”
lunes, 4 de octubre de 2010
Eguren - Retratos
Bajo la débil
dulce cañerla
bajo las ramas
que se cimbrean;
cabe las frondas
que allí retiemblan
anaranjadas
o verdinegras;
en los encajes
entre las sedas
multicolores
de la floresta;
linfa retrata,
por las acequias,
dos mariposas
de primavera.
En la mañana
que no recuerdas,
sobre el estanque
de grata hacienda;
con los jazmines
de la pradera,
donde renace
la madreselva;
do la frescura
que todo alegra
las flores abre
cuando navegan;
con el espejo
de linfa bella,
juntas miramos
nuestras cabezas.
dulce cañerla
bajo las ramas
que se cimbrean;
cabe las frondas
que allí retiemblan
anaranjadas
o verdinegras;
en los encajes
entre las sedas
multicolores
de la floresta;
linfa retrata,
por las acequias,
dos mariposas
de primavera.
En la mañana
que no recuerdas,
sobre el estanque
de grata hacienda;
con los jazmines
de la pradera,
donde renace
la madreselva;
do la frescura
que todo alegra
las flores abre
cuando navegan;
con el espejo
de linfa bella,
juntas miramos
nuestras cabezas.
miércoles, 18 de agosto de 2010
domingo, 15 de agosto de 2010
Nata Natal (Fragmento) - Juan Gonzalo Rose
Yo te perdono Lima el haberme parido
en un quieto verano de abanicos y moscas.
Por varias veces fuime lejos de tu pechuga
y conocí avenidas con el pelo rapado
divanes consumidos por las pulgas prendadas de mi cuero;
pero tambien hamacas colgadas de la luna.
Y en todas partes, Lima, te extrañaba.
(de "Informe al rey y otros libros secretos" 1967)
en un quieto verano de abanicos y moscas.
Por varias veces fuime lejos de tu pechuga
y conocí avenidas con el pelo rapado
divanes consumidos por las pulgas prendadas de mi cuero;
pero tambien hamacas colgadas de la luna.
Y en todas partes, Lima, te extrañaba.
(de "Informe al rey y otros libros secretos" 1967)
martes, 20 de julio de 2010
El Maestro de Kung Fu - José Watanabe
Un cuerpo viejo pero trabajado para la pelea
madruga y danza
frente a los arenales de Barranco
Se mueve como dibujando
una rúbrica antigua, con esa gracia, y
sin embargo, está hiriendo, buscando el punto
de muerte
de su enemigo, el aire no, un invisible
de mil años.
Su enemigo ataca con movimientos de animales
agresivos
y el maestro los replica
en su carne: tigre, águila o serpiente van sucediéndose
en la infinita coreografía
de evitamientos y desplantes.
Ninguno vence nunca, ni él ni él,
y mañana volverán a enfrentarse.
-Usted ha supuesto que yo creo a mi adversario
cuando danzo- me dice el maestro.
Y niega, muy chino, y sólo dice: él me hace danzar a mí.
(Del libro Cosas del cuerpo)
madruga y danza
frente a los arenales de Barranco
Se mueve como dibujando
una rúbrica antigua, con esa gracia, y
sin embargo, está hiriendo, buscando el punto
de muerte
de su enemigo, el aire no, un invisible
de mil años.
Su enemigo ataca con movimientos de animales
agresivos
y el maestro los replica
en su carne: tigre, águila o serpiente van sucediéndose
en la infinita coreografía
de evitamientos y desplantes.
Ninguno vence nunca, ni él ni él,
y mañana volverán a enfrentarse.
-Usted ha supuesto que yo creo a mi adversario
cuando danzo- me dice el maestro.
Y niega, muy chino, y sólo dice: él me hace danzar a mí.
(Del libro Cosas del cuerpo)
jueves, 1 de julio de 2010
Borges - Sábados
Afuera hay un ocaso, alhaja oscura
engastada en el tiempo,
y una honda ciudad ciega
de hombres que no te vieron.
La tarde calla o canta.
Alguien descrucifica los anhelos
clavados en el piano.
Siempre, la multitud de tu hermosura.
A despecho de tu desamor
tu hermosura
prodiga su milagro por el tiempo.
Esta en ti la ventura
como la primavera en la hoja nueva.
Ya casi no soy nadie,
soy tan solo ese anhelo
que se pierde en la tarde.
En ti esta la delicia
como esta la crueldad en las espadas.
Agravando la reja esta la noche.
En la sala severa
se buscan como ciegos nuestras dos soledades.
Sobrevive a la tarde
la blancura gloriosa de tu carne.
En nuestro amor hay una pena
que se parece al alma.
Tú
que ayer solo eras toda hermosura
eres tambien todo amor, ahora.
engastada en el tiempo,
y una honda ciudad ciega
de hombres que no te vieron.
La tarde calla o canta.
Alguien descrucifica los anhelos
clavados en el piano.
Siempre, la multitud de tu hermosura.
A despecho de tu desamor
tu hermosura
prodiga su milagro por el tiempo.
Esta en ti la ventura
como la primavera en la hoja nueva.
Ya casi no soy nadie,
soy tan solo ese anhelo
que se pierde en la tarde.
En ti esta la delicia
como esta la crueldad en las espadas.
Agravando la reja esta la noche.
En la sala severa
se buscan como ciegos nuestras dos soledades.
Sobrevive a la tarde
la blancura gloriosa de tu carne.
En nuestro amor hay una pena
que se parece al alma.
Tú
que ayer solo eras toda hermosura
eres tambien todo amor, ahora.
martes, 29 de junio de 2010
L: ¿DÓNDE ESTÁ COMBRAY? - Javier Heraud
: En el jardín de Swann, en otoño.
Son hojas que recogí del jardín de Swann
un ocho de octubre en Combray o Illiers,
da lo mismo.
Habíamos tomado el tren hacia Chartres
Lucho, Rachel, yo y Amaranta.
Allí hacía mucho frío,
pero nos consoló una lluvia
que nos obligó a tomar unos coñacs.
Claro, y también estaba la catedral
mostrándonos claras estampas,
sucios laberintos y blancos campesinos
(no pagamos nada por ellas y aún las conservo.)
No había tren para Illiers
pero estaba el autobús esperándonos.
Y mucho frío también en Combray,
pero había un hotel de la imagen
con cuartos perfectos y edredones de plumas.
Y la paloma aquella que comimos,
y el vino tinto de la aldea,
y el queso natural que allí fabrican,
y el claro pan y el postre de manzana.
Sí, son hojas que recogí del jardín de Swann,
sobre una colina, sobre un puente pequeño
y un arroyo navegable,
pero Lucho se mareaba en la barca y no subimos.
No sé si el pueblo era hermoso,
pero allí estaban la casa de Marcel,
y la magdalena de la tía Leonie,
y la foto de Francisca la dulce,
y el acostumbrado libro de Ruskin,
y Enrique el olvidadizo de Prusia.
¿Qué más había?
Tal vez un retrato de Proust,
tal vez una ventana con vidrios de colores,
tal vez una azucena, un huerto,
un rosal, algunas rosas y estas hojas.
(1961)
Son hojas que recogí del jardín de Swann
un ocho de octubre en Combray o Illiers,
da lo mismo.
Habíamos tomado el tren hacia Chartres
Lucho, Rachel, yo y Amaranta.
Allí hacía mucho frío,
pero nos consoló una lluvia
que nos obligó a tomar unos coñacs.
Claro, y también estaba la catedral
mostrándonos claras estampas,
sucios laberintos y blancos campesinos
(no pagamos nada por ellas y aún las conservo.)
No había tren para Illiers
pero estaba el autobús esperándonos.
Y mucho frío también en Combray,
pero había un hotel de la imagen
con cuartos perfectos y edredones de plumas.
Y la paloma aquella que comimos,
y el vino tinto de la aldea,
y el queso natural que allí fabrican,
y el claro pan y el postre de manzana.
Sí, son hojas que recogí del jardín de Swann,
sobre una colina, sobre un puente pequeño
y un arroyo navegable,
pero Lucho se mareaba en la barca y no subimos.
No sé si el pueblo era hermoso,
pero allí estaban la casa de Marcel,
y la magdalena de la tía Leonie,
y la foto de Francisca la dulce,
y el acostumbrado libro de Ruskin,
y Enrique el olvidadizo de Prusia.
¿Qué más había?
Tal vez un retrato de Proust,
tal vez una ventana con vidrios de colores,
tal vez una azucena, un huerto,
un rosal, algunas rosas y estas hojas.
(1961)
jueves, 17 de junio de 2010
Solo - Javier Heraud
En las montañas o el mar
sentirme solo, aire, viento,
árbol, cosecha estéril.
Sonrisa, rostro, cielo y
silencio, en el Sur, o en
el Este, o en el nacimiento
de un nuevo río.
Lluvia, viento, frío
y azota.
Costa, relámpago, esperanza,
en las montañas o en el
mar.
Solo, solo,
sólo tu sola risa,
sólo mi solo espíritu,
solo
mi soledad
y
su
silencio.
Del poemario: "El Río". Lima. 1960.
sentirme solo, aire, viento,
árbol, cosecha estéril.
Sonrisa, rostro, cielo y
silencio, en el Sur, o en
el Este, o en el nacimiento
de un nuevo río.
Lluvia, viento, frío
y azota.
Costa, relámpago, esperanza,
en las montañas o en el
mar.
Solo, solo,
sólo tu sola risa,
sólo mi solo espíritu,
solo
mi soledad
y
su
silencio.
Del poemario: "El Río". Lima. 1960.
miércoles, 16 de junio de 2010
Mi Casa - Javier Heraud
1
Mi cuarto es una
manzana,
con sus
libros,
con su
cáscara,
con su cama
tierna para
la noche dura.
Mi cuarto es el
de todos
es decir,
con su
lamparín que
me permite reir
al lado de Vallejo,
que me permite ver
la luz eterna de
Neruda.
Mi cuarto, en
fin,
es una
manzana,
con sus libros,
sus papeles,
conmigo,
con su
corazón.
2
Por mi ventana nace
el sol casi todas
las mañanas.
Y en mi cara,
en mis manos,
en el dulce
clamor de la luz pura,
abro mis ojos entre la
noche muerta,
entre la tierna
esperanza de
quedar vivo un
día más,
un nuevo día,
para
abrir los
ojos ante la
luz eterna.
Del poemario: "El Río". Lima. 1960.
Mi cuarto es una
manzana,
con sus
libros,
con su
cáscara,
con su cama
tierna para
la noche dura.
Mi cuarto es el
de todos
es decir,
con su
lamparín que
me permite reir
al lado de Vallejo,
que me permite ver
la luz eterna de
Neruda.
Mi cuarto, en
fin,
es una
manzana,
con sus libros,
sus papeles,
conmigo,
con su
corazón.
2
Por mi ventana nace
el sol casi todas
las mañanas.
Y en mi cara,
en mis manos,
en el dulce
clamor de la luz pura,
abro mis ojos entre la
noche muerta,
entre la tierna
esperanza de
quedar vivo un
día más,
un nuevo día,
para
abrir los
ojos ante la
luz eterna.
Del poemario: "El Río". Lima. 1960.
lunes, 24 de mayo de 2010
Poema - Javier Heraud
Lentamente caminé‚
por la ciudad
Y por sus calles.
Cálidas piedras sostenían
mis zapatos,
sostenían mi cuerpo
tiernas manos anochecidas
como estrellas.
por la ciudad
Y por sus calles.
Cálidas piedras sostenían
mis zapatos,
sostenían mi cuerpo
tiernas manos anochecidas
como estrellas.
domingo, 23 de mayo de 2010
El Río - Javier Heraud

1
Yo soy un río,
voy bajando por
las piedras anchas,
voy bajando por
las rocas duras,
por el sendero
dibujado por el
viento.
Hay árboles a mi
alrededor sombreados
por la lluvia.
Yo soy un río,
bajo cada vez más
furiosamente,
más violentamente
bajo
cada vez que un
puente me refleja
en sus arcos.
2
Yo soy un río
un río
un río
cristalino en la
mañana.
A veces soy
tierno y
bondadoso. Me
deslizo suavemente
por los valles fértiles,
doy de beber miles de veces
al ganado, a la gente dócil.
Los niños se me acercan de
día,
y
de noche trémulos amantes
apoyan sus ojos en los míos,
y hunden sus brazos
en la oscura claridad
de mis aguas fantasmales.
3
Yo soy el río.
Pero a veces soy
bravo
y
fuerte
pero a veces
no respeto ni a
la vida ni a la
muerte.
Bajo por las
atropelladas cascadas,
bajo con furia y con
rencor,
golpeo contra las
piedras más y más,
las hago una
a una pedazos
interminables.
Los animales
huyen,
huyen huyendo
cuando me desbordo
por los campos,
cuando siembro de
piedras pequeñas las
laderas,
cuando
inundo
las casas y los pastos,
cuando
inundo
las puertas y sus
corazones,
los cuerpos y
sus
corazones.
4
Y es aquí cuando
más me precipito
Cuando puedo llegar
a
los corazones,
cuando puedo
cogerlos por la
sangre,
cuando puedo
mirarlos desde
adentro.
Y mi furia se
torna apacible,
y me vuelvo
árbol,
y me estanco
como un árbol,
y me silencio
como una piedra,
y callo como una
rosa sin espinas.
5
Yo soy un río.
Yo soy el río
eterno de la
dicha. Ya siento
las brisas cercanas,
ya siento el viento
en mis mejillas,
y mi viaje a través
de montes, ríos,
lagos y praderas
se torna inacabable.
6
Yo soy el río que viaja en las riberas,
árbol o piedra seca
Yo soy el río que viaja en las orillas,
puerta o corazón abierto
Yo soy el río que viaja por los pastos,
flor o rosa cortada
Yo soy el río que viaja por las calles,
tierra o cielo mojado
Yo soy el río que viaja por los montes,
roca o sal quemada
Yo soy el río que viaja por las casas,
mesa o silla colgada
Yo soy el río que viaja dentro de los hombres,
árbol fruta
rosa piedra
mesa corazón
corazón y puerta
retornados,
7
Yo soy el río que canta
al mediodía y a los
hombres,
que canta ante sus
tumbas,
el que vuelve su rostro
ante los cauces sagrados.
8
Yo soy el río anochecido.
Ya bajo por las hondas
quebradas,
por los ignotos pueblos
olvidados,
por las ciudades
atestadas de público
en las vitrinas.
Yo soy el río
ya voy por las praderas,
hay árboles a mi alrededor
cubiertos de palomas,
los árboles cantan con
el río,
los árboles cantan
con mi corazón de pájaro,
los ríos cantan con mis
brazos.
9
Llegará la hora
en que tendré que
desembocar en los
océanos,
que mezclar mis
aguas limpias con sus
aguas turbias,
que tendré que
silenciar mi canto
luminoso,
que tendré que acallar
mis gritos furiosos al
alba de todos los días,
que clarear mis ojos
con el mar.
El día llegará,
y en los mares inmensos
no veré más mis campos
fértiles,
no veré mis árboles
verdes,
mi viento cercano,
mi cielo claro,
mi lago oscuro,
mi sol,
mis nubes,
ni veré nada,
nada,
únicamente el
cielo azul,
inmenso,
y
todo se disolverá en
una llanura de agua,
en donde un canto o un poema más
sólo serán ríos pequeños que bajan,
ríos caudalosos que bajan a juntarse
en mis nuevas aguas luminosas,
en mis nuevas
aguas
apagadas.
Del poemario: "El Río". Lima. 1960.
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Existen varios tipos de Toé, un arbusto de hoja pequeña el Cinti Toé muy uado en afecciones de la piel, preparado con agua hervida se aplica...
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En realidad no estoy del todo seguro que esta pintura tenga ese titulo, si alguien lo sabe por favor me lo comunica, muchas gracias! :)
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hola, 2da. parte: (no hay numeros uno, imprescindibles todas ellas, votación personal) Tim Exile Listening Tree Warp http://rapids...


