lunes, 6 de diciembre de 2010

Walt Whitman - Canto a mi mismo (fragmento)


Ventiocho mancebos se bañaban cerca de la ribera;
ventiocho mancebos, y todos tan camaradas;
Ventiocho años en la vida de una mujer y, todavía tanta soledad.
Ella posee la hermosa casa que se levanta en lo alto de la costa;
Elegante y ricamente ataviada, espía detrás de las persianas.

¿Cuál de los muchachos le agrada más?
¡Ah! El más rústico de todos es hermoso para ella.
¿Hacia dónde acudes, señora? Porque yo te veo;
Chapoteas con ellos en el agua, y, sin embargo, permaneces retraída en tu cuarto.
Bailando y riendo, a lo largo de la playa, llega ésta que es la vigésimo novena bañista;
Los muchachos, empero, no ven a la dama, si bien ella los ve y los desea.
las barbas de los mancebos relucen empapadas, y el agua
chorrea por sus largos cabellos;
Hilillos de agua se deslizan por sus cuerpo.
Una mano invisible se desliza también por encima de sus cuerpos,
Y temblorosa desciende desde sus sienes
y a lo largo de sus torsos.
Los muchachos nadan de espaldas, los blancos vientres se
entregan al sol, no preguntan quien los abraza;
Ignoran quien suspira y sobre ellos se inclina pendiente y
combada como un arco.
Ni saben a quien salpican cuando se zambullen.

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