viernes, 10 de abril de 2009

Una Historia de Gigantes en el antiguo Perú




En la costa norte del Perú, hace muchísimas centurias, llegaron del mar, en enormes naves hechas de juncos, unos hombres de estatura colosal, eran todos varones no habían mujeres, niños ni ancianos. Algunos vestían con pieles y otros andaban simplemente desnudos. Eran tan grandes que un hombre de estatura promedio no alcanzaba a llegarles a la altura de la rodilla.
Los pobladores de esa parte del Perú de ese entonces eran cazadores, pescadores y recolectores. Su religión era sencilla, veneraban a las Fuerzas de la Naturaleza. Se adornaban el cuerpo con perforaciones, labraban sus caras y labios con pedernales y tatuaban su piel con diseños inspirados en su entorno y cosmología. Se sorprendieron mucho con la llegada de los gigantes, nunca habían visto algo parecido.
Los recién llegados no encontraron el agua en abundancia, entonces cavaron profundos pozos de donde brotaba abundantemente. Se instalaron en la playa cerca de las fuentes de agua. Se comían todas las provisiones de la aldea, cada uno de ellos comía lo mismo que cincuenta de los aldeanos. Pescaban en abundancia devorándolo todo. Mataban a las mujeres al intentar copular con ellas, debido al tamaño de su sexo y la ferocidad del coito. También mataban hombres.
Se hicieron odiar mucho de los naturales, que no sabían como actuar para deshacerse de ellos. Pasaron algunos años y como se vieron faltos de mujer o era su costumbre, empezaron a penetrarse unos a otros. Cuando se encontraban los gigantes en medio de su descomunal orgía, se escuchó un terrible estruendo en el cielo, seguido de deslumbrantes y aterradores rayos de en medio de los cuales salió un ángel resplandeciente con una espada tajante y muy refulgente con la cual de un solo golpe los mató a todos y el fuego los consumió que no dejó mas que algunos huesos y calaveras para testimonio futuro, que dicen que los llegaron a ver algunos españoles en la época de la conquista al Perú.
(…) “Este años de mil y quinientos y cincuenta oí yo contar estando en la Ciudad de los Reyes (Lima), que siendo el Ilustrísimo Don Antonio de Mendoza visorrey y gobernador de la Nueva España, se hallaban ciertos huesos en ella de hombres tan grandes, como los de estos gigantes y aún mayores; y también he oído antes de agora, que en un antiquísimo sepulcro se hallaron en la ciudad de México, o en otra parte de aquel reino, ciertos huesos de gigantes. Por donde se puede tener, pues tantos lo vieron y lo afirman que hubo estos gigantes, y aún podrían ser todos unos.”(…)


-Adaptado libre y conchudamente de “Comentarios Reales de los Incas” escrito por el Inca Garcilaso de la Vega que a su vez lo recogió de un escrito de Pedro Cieza de León(Comentarios Reales de los Incas Capitulo IX del libro IX)

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