sábado, 26 de mayo de 2012

El Pasado Prehistòrico del Gran Perù - Arthur Posnansky

A mis buenos y leales amigos, el Dr. Julio C. Tello y los estudiantes de Arqueología de la Universidad de San Marcos. Cuando el Libertador, hace más de un siglo, acogió las ideas de algunos políticos de la época y trazó sobre el mapa una línea que dividiera el Gran Perú, en Perú y Bolivia, —línea que posteriormente pretendió borrar el gran caudillo Kholla Mariscal Andrés de Santa Cruz—, no imaginó siquiera el formidable daño que su actitud causaba, desde todo punto de vista, a una tierra que se hallaba estrechamente unida por los vínculos de la prehistoria, la raza, las costumbres y, especialmente, por el alma de sus pueblos. No intento profundizar en los motivos que determinaron esa división, que constituye el más grave error de la política sudamericana de todos los tiempos y que tantas y tan funestas consecuencias ha tenido para el Gran Perú. Hoy mutilado, para su cultura, su bienestar político, social y económico, como también para la investigación de su glorioso pasado, que apenas si es conocido antes de la época en que Pizarro y los demás llamados “conquistadores” hollaron este continente, otrora feliz, alta y humanamente civilizado, para implantar en él una cultura ya en plena decadencia, plagada de vicios e inadecuada a la idiosincrasia de los pueblos que densamente lo habitaron desde los albores de la humanidad. Algún día, — que ojalá no se halle lejano —, aparecerá en el horizonte político de América el gran caudillo que, a manera de cirujano, unirá este cuerpo dividido y mutilado, este Gran Perú partido por el mismo corazón, que en una mitad se llama Perú y en la otra Bolivia, y que en épocas pasadas, hace miles de años, era un país cuya influencia cultural, política y social se extendía a ambos hemisferios, como lo han comprobado las investigaciones de la moderna arqueología. II Lo que la Cruz del Redentor es para los cristianos, fue en tiempos no muy remotos, para todos los americanos desde Alaska a la tierra del Fuego, un símbolo de unión esotérica, de religión y de unidad política, símbolo al que, desde hace casi cuatro decenios, vengo en llamar “signo escalonado”. Quienes se dedican a investigaciones arqueológicas, encuentran ese signo profusamente expuesto en los monumentos, en las esculturas y, particularmente, en los dibujos sobre cerámica, que constituyen, puede decirse, la expresión gráfica de cuanto se refiere a las creencias y concepciones cosmológicas y teogónicas de los habitantes de la América pre-hispánica. Y el “Signo Escalonado” ha nacido en Tihuanacu, en la metrópoli madre, en la cuna prehistórica de todas las culturas americanas, como ha podido comprobarlo, en el mismo sitio y hace pocos días, el Esquilo americano, doctor Ricardo Rojas. Nuestra obligación de americanos es hoy la de estudiar, con interés y tesón particulares, nuestra verdadera y antigua historia, que es la historia de los pueblos que antes de Colón habitaba este continente, relegando a segundo plano la historia de la conquista y la no muy decorosa historia del caudillaje, posterior a la independencia. Para el estudio de esta verdadera historia, que hoy se llama Arqueología Americana, se impone la necesidad de preparar en nuestros países elemento apto, — como han comenzado a hacerlo ya el Perú y México —; elemento disciplinado en conocimientos modernos y especialmente en las ciencias que son afines a las investigaciones arqueológicas. 1 —Véase: Posnansky: «Puntos de contacto lingüístico .y dogmático en la América prehispánica» (trabajo enviado al XXVII Congr. Int. de Amer. México) y publicado también en «Amerindia».— La Paz, Bolivia 1939. 2 —Véase: Posnansky: Thesaurus ideographarum. (El Signo escalonado en las ideografías americanas), Berlín 1913. Véase, también Anales del Congr. Int. de Americanistas, Londres; 1912. El arqueólogo moderno no debe poseer conocimientos estrechamente especializados, caso frecuente en los arqueólogos antiguos y aún en los actuales, sino que además debe poseer sólidos conocimientos de antropología física, geología y geodesia y una vasta cultura en cuanto se refiere a la prehistoria americana, en todos sus aspectos. Empero, el deber elemental que tienen esos estudiosos es el de comprobar, — previa una investigación personal y cuidadosa —, que el hombre americano no es un producto de la inmigración extra-continental, por lo menos en cuanto atañe a la presente época geológica, sino que es un producto originario de esta misma tierra americana, donde generó su cultura, su arte y su ciencia. Se ha comprobado, — y la comprobación debe ser confirmada por los futuros arqueólogos —, que el hombre americano existía ya cuando poblaba estas tierras una fauna hoy extinguida. Se ha comprobado también que la cultura del hombre pre-histórico de América llegó a un nivel de progreso tal que muy poco, o casi nada, debía envidiar a la cultura que los europeos trajeron a este continente en el siglo XVI. III ¿Qué es la cultura americana, quienes eran los hombres que la llevaron a una cumbre tan alta como la que se manifestó en Tihuanacu, — la metrópoli del hombre americano —, y en los incomparables artefactos que el notable arqueólogo americano Dr. Julio Tello descubrió en Parakas y otros puntos del Perú; el profesor Preuss en Colombia y que otros investigadores de las repúblicas del Norte han encontrado desde el grado 10 N. hacia el Septentrión?. América debe su ascensión cultural a dos razas principales, — subrayo razas —, que, por muy importantes motivos que luego indicaré, he venido en llamar “khollas” y “Aruwakes” y cuyos restos se conservan, casi puros, en algunos rincones de los Andes. Esas razas, por lo general hoy mezcladas, hablan varios idiomas y dialectos y sus rasgos antropológicos característicos se hallan, por decirlo así, diluidos. Empero, cualquier observador dotado de sentido común, sin ser antropólogo de oficio, puede establecer las diferenciaciones correspondientes entre “khollas” y “Aruwakes”. Una de esas razas, la Kholla, formaba el pueblo dominador y mandón, el “Herrenvolk”. La otra raza, la “Aruwak”, la formaba el pueblo de manada, el servidor, el “Herdenvolk” que, cuando no tenía un “Fuehrer” de estirpe Kholla, caía nuevamente en la barbarie. Y la comprobación de este hecho puede establecerse hoy prácticamente si se observa a las tribus bárbaras o salvajes que pueblan las selvas de la hoya amazónica. Son todas ellas de estirpe Aruwak, por mucho que ya no hablen su antiguo idioma, y se hallan convertidas a la condición de pueblos secundario-primitivos. IV Para comprender la ascensión de las altas culturas de la América, — diremos aún pre-históricas —, es necesario tomar en cuenta la capacidad intelectual y dinámica de estas dos razas que, en lo somático y en el carácter, difieren como chinos y habitantes del Asia Anterior, hecho demostrado ya en mi conferencia: “América, tierra de origen del hombre americano”. Los unos, los “khollas”, son cuando puros, o sea no mestizados con “Aruwakes”, de cabeza corta y alta (braquicéfalos), de cara alargada (leptoprosopos), de nariz alargada (leptorrhinos); de ojos europeos, diremos foliolares (hipsiconchos), de paladar ancho (braquiestafilinos); son de amplia capacidad craneana y por eso inteligentísimos; atrevidos en la guerra, caudillos natos. Desde tiempo inmemorial vivían en la sierra y raras veces bajaban a los llanos (3). En épocas prehistóricas, en la América del Sur, hablaban un dialecto kholla, el aymará, cuyos topónimos háyanse desde la Argentina hasta Colombia. Ese dialecto se transformó más tarde, mejor dicho se cristalizó en un nuevo idioma: el keshua. 3 Véase: Posnansky, «Antropología y Sociología de las razas interandinas y adyacentes». II edición. La Paz 1938. Es así que hubo y aún hay khollas que hablaban y hablan tanto el aymará como el keshua. Y repito una vez más de aquí lo que ya dije en opus citado en la nota 3: “la lengua no hace a la raza”, lo que tuve que insistir al refutar la conferencia de un profesor italiano, nacionalizado argentino, en el XXVII Congreso de Americanistas de Lima. Los khollas, auxiliados por el pueblo de manada, los “Aruwakes”, son los autores de las grandes culturas americanas, que los conquistadores de la América del Sur hallaron en decadencia y en ruinas sus excelsos monumentos, como en México encontraron en el último grado declinatorio de su auge cultural a la civilización azteca, Cortés y sus compañeros . La otra raza, la aruwak, cuando pura, — es decir no mestizada con el kholla —, tiene las siguientes características: Es de cabeza alargada hacia atrás (dolicocefala); de cara ancha con pómulos salientes (camaeprosopa), de nariz corta y ancha (mesorrhina y hasta platirrhina), de ojos, mongoloides, forma de almendra (mesoconcho), de paladar angosto (leptoestafilino) y prognato. Es el tipo genuino de los cráneos de “Lagoa Santa”. El esqueleto de la cara es achatado y por eso la denominé “cara de gato”, en contra posición a los khollas, cuyo esqueleto fisiognómico es sobre saliente, por lo que la llamé “cara de pájaro”. Por supuesto, cada uno de estos tipos era más rústico cuando no había aún ascendido en la escala morfológica. Por ejemplo, últimamente encontróse a más o menos tres kilómetros al sur de Tihuanacu, o sea cerca del cerro Quimzachata, en un lugar denominado “Pokotia”, a tres ídolos en supertamaño: uno de hombre y dos de mujeres. Uno de esos ídolos por haber estado profundamente enterrado y en suelo gredoso, conserva su cara en perfectas condiciones. Los tres ídolos provienen del primer período de Tihuanacu, cuando la reproducción escultural de los rostros humanos se hacía aún de manera realista y por eso constituyen retratos perfectos del hombre de aquella lejana época. —En el segundo y tercero periodo de Tihuanacu la reproducción humana ya no se hacia en forma realista (impresionista) como en el I. periodo, sino se estilizaba la cara humana (expresionista). Esos ídolos representan posiblemente al proto-kholla, de facciones aún rústicas y primitivas, con pómulos sobresalientes, ojo aún algo oblicuos, ligeramente prognato; sin embargo, ya con la nariz evolucionada o sea apuntando hacia el tipo leptorrhino, pero todavía algo ancha como bien puede apreciarse en el retrato de la misma Fig. (5) También se ve claramente la diferencia entre estas dos razas, en la cerámica de Tihuanacu al enérgico kholla y al aruwak con la expresión un tanto embrutecida. Si se compara ambos tipos se nota todos los caracteres fisiognómicos arriba descritos; una mandíbula que denota gran carácter, en el kholla, y en el otro, en el aruwak, una mandíbula aún no evolucionada, que revela escasa o ninguna energía. Pero no solo en lo físico difieren estas dos razas principales de América, sino también en el carácter. El kholla piensa con lógica, obra en concreto, es guerrero atrevido y osado y brutal luchador; pero se sacrifica y cumple cuanto promete (5). En sus faenas es tenaz; agricultor inteligente en terrenos difíciles, vivaz y excelente metalúrgico. Es ambicioso y avaro, indisciplinado, inconsecuente e infiel; dominador y eterno revolucionario. En sus negocios es perseverante y absorbente, pero estafador por excelencia. En su vida privada es sobrio y moral. Es investigador nato. Su temperamento normal es ciclotimio y es cicloide en la borrachera. En la psicosis es maniaco depresivo. 5 —Quizá sea ésta escultura, que procede del I. periodo de Tihuanacu la primera reproducción fiel del hombre en América. 6 —Véase páginas 31-32 en Opus cit. en nota 3. Existiendo esta diferencia en carácter y cualidades en las dos razas principales, es posible comprender el objetivo, utilidad; y “leitmotiv” de las grandes obras de Tihuanacu, Samaypata y otras numerosas en Bolivia, en sus tres períodos, cuando en las del Cuzco, también en sus tres períodos, inclusive el Inkario; las obras de Ollantaytampu, en sus tres períodos; en Willka-Marka (Macchu Picchu), en su dos periodos; las de Choquekirau, Cuelap y Chavín, en varios períodos; Catac en dos períodos, o sea uno muy antiguo de las habitaciones subterráneas y otro llamado ordinariamente de Recuay, y muchas otras, tanto en la sección cordillerana, cuanto en la costa de Pachacamac (Pachakama); las llamadas Huacas de Lima, Cajamarquilla, Ankon, Chimu Kapac, Sechín, Paramonga, Chanchán y tantas otras más al Norte, al Sur y, más adentro, hacia el Este. En todas esas obras se nota la división en Suyos (Suus), Mamanís, Sayas, Ayllus y Sayañas, exactamente como en las poblaciones cordilleranas, donde moraban sus remotos antepasados. En una vista aérea de la Marka de Chanchán, se ve como en un mapa, y aun mejor esas y otras divisiones . V Los territorios de los aruwakes eran primitivamente las regiones donde habían abundante vegetación, donde había mar, lagos, ríos y especialmente donde había facilidad de alimento con poco trabajo. Ellos ocupaban, — decirse puede —, las nueve décimas partes de la América e islas cercanas a la costa del Atlántico. Es posible que esta gran masa humana viviese en pequeños núcleos dirigidos por jefes (Itushaú) de sus mismas tribus; pero sin ninguna cohesión política entre la gran cantidad de tribus, de las cuales unas tenían mayor civilización y cultura que otras. La mayoría de los aruwakes habitaban en los bosques, sin aspiraciones políticas y sin anhelar una mejora en la cultura material. Eran pueblos de manada que necesitaban de un “Fuehrer”. Como tal “fuehrer” no existía entre ellos, pero como la tradición general afirmaba, desde épocas remotísimas, que por el lado donde se pone el Sol, “donde el Sol descansaba después de haber beneficiado al hombre y a la naturaleza”, existía una tierra de bendición, donde “no hay enfermedades, donde no se muere, donde habitaban grandes potentados que con benevolencia regían a pueblos felices”, el anhelo y tendencia de los pueblos aruwakes (8) siempre fue y aún es aproximarse hacia la región encerrada entre las cordilleras: la Blanca, la cordillera Real de nevadas cumbres y la Negra, la volcánica de la costa del Pacífico. Anhelaban llegar a esa región intercordillerana, considerada por ellos como el Edén, el paraíso terrenal. Hasta en épocas modernas llegaban pueblos de la selva hacia el lado del Pacífico, y al ser interrogados sobre los motivos de su llegada, respondían más o menos en idéntica forma (9), Que fue la hace poco pasada guerra del Paraguay con Bolivia? No fue otra cosa que el anhelo eterno de los pueblos aruwakes para llegar hacia la tierra de promisión, la región intercordillerana. Es así que desde épocas remotas pujaban hacia las planicies cordilleranas grandes masas humanas, las que por supuesto y con el asentimiento propio, sin que mediara violencia, fueron sometidas por los Khollas, pueblo superior, de carácter mandón. Aquel pueblo de manada, representaba los “ilotas”, el pueblo ordinario, abúlico y servidor, que fue el que bajo el látigo de los Khollas realizó las grandes obras del Perú, Bolivia y otros países más al Norte. 8 —Tratando de Aruwakes, siempre hablo desde el punto de vista antropológico v nunca del lingüístico. (Véase Opus cit. en nota 3). 9 —Véase: Obras de Erland Nordenskiold. Con esto se comprende, como hemos de ver más adelante, el objeto, utilidad y pensamiento político que orientó la construcción de las grandes Pukaras y Huakas de la región cordillerana y de la costa, cuya anciana y sabia madre cultural era Tihuanacu, la gran metrópoli andina, la sede prehistórica del hombre americano. Conociendo esta diferenciación antropológica-social, recién es posible deducir, como hemos manifestado anteriormente, el objeto de las famosas construcciones y obras, cuyos autores fueron Khollas y Aruwakes. VI La Altiplanicie, por fenómenos geológicos, había ascendido, desmejorando su clima (10) y las condiciones de sur pueblos que, en la mayoría, buscaban facilidades de alimentos y vida. Entonces, algunos de esos pueblos reemigraron hacia la tierra cálida, haciendo vida de “secundarios primitivos” y otros se fueron hacia el Septentrión y la costa del Pacífico, o sea de lea hacia el Norte. Es por esto que no se encuentra señales de mayores culturas desde Ica hacia el Sur, donde el clima y las condiciones de los terrenos ya no prestaban facilidades de vida y por tanto no eran propicios para un mejor desarrollo de la cultura material. Todavía, en los valles de Arica y en el mismo Arica y regiones adyacentes, se encuentran objetos de cultura andina (11). Tomemos por el momento un solo ejemplo, el de Paramonga, en la costa del Perú. Este sitio arqueológico es sin duda una Pukara, como tantas que se hallan por la costa del Perú; diremos mejor un “burgo” fortificado que al mismo tiempo tuvo en su cima las viviendas necesarias y el santuario (12), pero no una fortaleza a la manera de las que conocemos para las guerras en burasia. Paramonga, según nuestra opinión, era una fortaleza como la de Akapana en Tihuanacu, cuya forma tiene también Saksahuamán en el Cuzco, Willka-Marka (Macchu Picchu) con el fortificado Huayna Picchu en la margen del Urubamba, Ollantaytampu, Pisaj y otras que no eran otra cosa que “PUKARAS DE DEFENSA CONTRA SUS MISMOS SUBDITOS Y NO CONTRA ENEMIGOS DE AFUERA”. Eran los defensivos de los jefes khollas, dueños y señores de la tierra, sumos sacerdotes al mismo tiempo de sus dominados y sirvieron para defender a aquellos cuando estos se levantaban en actitud de sacudir su yugo. Por supuesto, en las plataformas de todas las Pukaras hubo, además de viviendas, depósitos de agua, santuarios, templos para el culto de las masas sometidas y observatorios solares (Intihuatanas), para determinar las fechas agrícolas. Eran los khollas, la raza noble de los Andes, los que en pequeño número dominaban a los pueblos servidores que constituían un gran número, o sea los aruwakes que oran, por no decir sus esclavos, sus obreros. Ambos hacían el papel que en la actualidad hacen en los grandes feudos agrícolas los patrones y los colonos. Si no había trabajo suficiente en las faenas agrícolas para el pueblo servidor, BUSCÁBASE TRABAJO, aunque éste fuera intenso y al parecer inútil. Y eso ha constituido el GRAN SECRETO DE LAS MONUMENTALES OBRAS en el Alto y Bajo Perú. Se ve, por ejemplo, en los grandes monumentos del Cuzco, Willkanota y Urubamba, obras que prácticamente son innecesarias y superfinas, según nuestro actual modo de pensar, obrar y edificar; se vé trabajos que solo son un lujo frívolo y que han servido únicamente para ocupar los brazos, enormemente abundantes. Son obras que dieron trabajo a esa gran masa de gente con objeto de evitar el ocio, vicio .que podían inspirar revueltas entre los aruwakes. La divisa que el kholla inculcaba a sus súbditos era el “Ama sua, ama Hulla, ama khella”. (13) Y los khollas lograron realizar ese postulado con el trabajo, con el excesivo trabajo de las masas que tuvieron sujetas. 13 —No seas ladrón, no seas mentiroso, no seas flojo; que según la tradición, era el saludo del Inka (Kholla). En aquellas tierras feraces y privilegiadas, la benignidad del clima proporcionaba una vida fácil con pocas huras de trabajo al año. Luego, después de satisfacer las necesidades del trabajo agrícola, había que ocupar en grande; obras monumentales a las masas aruwakes.. Por ejemplo en Paramonga, con el agua abundante del río Fortaleza y su clima paradisíaco, se producía con ínfimo trabajo mucho más de lo que necesitaban las masas del pueblo; de suerte que hubo necesidad de crear trabajo a efecto de entretener a esas masas. Ya en aquella época, sin la menor duda, hubo un intercambio de productos entre los pueblos de la sierra y los de la costa. La Sierra enviaba metales y artículos manufacturados y recibía, en cambio, frutos y materias primas. Los extensos paredones que por doquier se ve y que por su enorme longitud se pierden en la lejanía de la Sierra (*) juzgo que eran divisiones territoriales y no caminos murales. No podían haber servido como algunos piensan, de caminos hacia la sierra, por lo muy angostos, ya que solo de uno en fondo habríase podido transitar en ellos. Además, el indio más pobre viajaba con acémilas cuando su viaje era a larga distancia, o sea con dos, tres o más llamas. * —Véase también 1a de Willkanota, que según la tradición era el linde entre el Inka cuzqueño Huayna-Kapak y el Willka, Kholla Chuchi-Kapak.—{Véase Boletín No 56 de la Soc. Geog. de La Paz los artículos: Carlos Blanco Galindo, Prehistoria militar. pág. 28. Y Alberto Diez de Medina; Un deslinde precolonial, pág. 215. Claro que hubo magníficos caminos, cuyos restos aún se ve, y en los que transitaban grandes caravanas de llamas con sus conductores, que hacían el transporte de productos de la Sierra a la Costa. Pero esos paredones eran, repito, sin la menor dudan divisiones territoriales. Había ya en aquella época distritos (Suyos o Suus) que a su vez se dividían en Mamanis (provincias) (14). Los Mamanis se dividían en Markas, éstas en Sayas; las Sayas en Ayllus y éstos en Sayañas. También es posible que esos paredones hubieran sido utilizados por los Chaskis (15) para avanzar con rapidez sobre su superficie. Pero es improbable que así hubiera ocurrido en la Sierra, pues las torrenciales lluvias habrían destruido la superficie de esos paredones. Si esa superficie hubiera estado empedrada, para evitar la destrucción, las piedras habrían lastimado los pies de los viajantes. Además, los paredones en la sierra eran de piedra bruta. Luego, seguramente que esos paredones dividían los distritos que pertenecían a un gran Kazique de los pertenecientes a otro. 14 —Véase: Vocabulario deBertonio pg. 213 y Opus cit. en nota (3). 15 —Hombres que hacían el servicio de correo para las autoridades. Los Kaziques eran los khollas. Cada Kazique tuvo bajo sus órdenes, para las faenas agrícolas y otros trabajos, a grandes masas de colonos (mitayos), que eran los aruwakes. Seguramente que en muchas ocasiones y con uno u otro motivo, hubo guerras entre los grandes potentados o terratenientes de aquella época, como cuenta el folklore apuntado por los primeros cronistas. VII Desgraciadamente, una gran parte de los arqueólogos, al hacer excavaciones, prescinden del material humano que encuentran junto a los artefactos de la cultura material. Tan importante como salvar las manifestaciones de la cultura material, es salvar el material óseo que, después de ser estudiado permite juzgar quienes fueron los autores de las obras excavadas de donde provinieron y que conexión tuvieron con otros pueblos del continente, o qué cerámica y artefactos corresponden a tal o cual raza, ó a tal o cual cultura, Es también sumamente necesario que además de conocimientos de Antropología física, el arqueólogo tenga aunque sea rutinario conocimientos de geología, porque muchas veces, no tomando en cuenta la constitución geológica y estratigráfica del terreno, se incurre en graves errores o se da paso a falsas suposiciones. A este respecto, afortunadamente se hallan en las excavaciones de Tihuanacu y de otros sitios prehistóricos de la. sierra y de la costa, los famosos Huaco-retratos, así llama dos porque efectivamente son verdaderas y muy buenas esculturas en cerámica del tipo antropológico de la época y por supuesto, son auténticos retratos, en la mayoría no de los individuos del pueblo bajo “de manada”, sino de los principales, los mandones, los “Fuehrer”, los Khollas. Los huaco-retratos son tan bien hechos, tan magníficamente esculpidos con todos sus detalles somáticos, que permiten al antropólogo medir sobre ellos hasta las proporciones de la cara. Algunos indican hasta la deformación artificial del cráneo y las enfermedades que posiblemente aquejaban al retratado. (16) Dejando la modestia a un lado, creo que soy el que de manera científica ha medido más cráneos de vivos y muerdos en el continente Sud Americano. Agregaremos u estas mediciones las últimas que hice en cráneos del Museo de Antropología de Lima y de unos cuantos en el Museo de Arqueología de esa misma ciudad. Esos cráneos eran, en su mayoría, de Khollas y fueron encontrados especialmente donde se hallaban, — como atributos funerarios —, objetos que demostraban una altísima cultura material en sus poseedores. Los señores Julio Tello, Luis Valcárcel, Rafael Larco Herrera y Jorge C. Muelle, en sus respectivas obras, han publicado series muy completas e importantes de estas maravillosas esculturas humanas en cerámica; también el suscrito publicó varios trabajos referentes a esos huaco-retratos de la región de Tihuanacu y de la costa. (16) 16 —Véase: Posnansky: Las •cerámicas eróticas de los Mochíca» y su relación con loe cráneos occipitalmente deformados (en los Anales de Antropología, Etnología y Prehistoria de Francfort. 1925). Existe un hecho muy sugestivo en lo que atañe a los huaco-retratos de la costa y a los respectivos cráneos: Es decir, el de notarse en algunos tipos ya una mestización genética que indica un principio fusional de familias khollas con arawakes, cosa que no podía ser de otra manera, — ya que las razas no se hallan, vulgar es el ejemplo, cada una como en una lata de conserva. Ha existido siempre, existe y existirá el “sex appeal” y se presentan ocasiones en que el hombre de carácter más fuerte, se deja arrastrar por el instinto, por el impulso atávico sexual, el más vehemente de todos los impulsos fisiológicos, que pasa por encima de la tradición, de la estética y aún de las mismas leyes. El “sex Appeal” es cabalmente el resorte más elástico y al mixto tiempo el más cataclítico de la humanidad, pues muchas Veces cambia hasta la estructura de los pueblos. Así se nota, aunque el caso sea sumamente raro —, que por ejemplo en algunos cráneos de la costa, la alveola ocular ya no es tan hipsiconcha como el genuino kholla; la nariz ha perdido ligeramente algo de la pronunciada leptorrhinia y el cráneo tira hacia la mesaticefalia. Este mismo fenómeno se advierte también en algunos huaco-retratos. VIII Habiendo encarado ya el asunto desde el piano antropológico-social, es necesario aplicar a la práctica lo que saltemos: a) existencia de una raza mandona, inteligente y dinámica, en poco número. b) de otra raza de “manada”, sumisa, abúlica y en gran número, que para producir requería de un “Fuehrer”. Y así podremos resolver el problema que encierran las grandes construcciones del Alto y Bajo Perú, como hemos indicado más arriba. Es de presumir que el clima de la costa del Perú, algunos siglos antes de la conquista, era distinto al actual; hubo mayores precipitaciones atmosféricas, lo que revelan los cauces de los ríos y la estratigrafía de sus márgenes; además, seguramente la corriente de Humboldt y la contra-corriente ecuatorial, seguían un curso diferente al actual. La población no se concretaba a habitar y cultivar ambos lados de los ríos que bajan de la cordillera negra, por la facilidad del regadío, sino que ocupaba también con sus sembríos otros extensos territorios que en nuestra época son incultivables, pues el agua no puede llegar hasta ellos dado el desnivel. Volando sobre la costa, se advierte lechos secos, de ríos que otrora llevaban abundante agua, extendiéndose desde Arequipa. Más al Sur se observa este mismo fenómeno, lo que comprueba que antaño las precipitaciones atmosféricas fueron mayores y que hubo población abundante en las zonas cultivables que hoy son estériles desiertos. Es decir, que en aquella época la costa del Perú pudo aumentar a grandes masas humanas. Y este es otro de los hechos que justifica el hallazgo de monumentos en las costas del Pacífico y tierras más adentro. La mayoría de las quebradas de la costa peruana, por donde en la actualidad corren hilos de agua que vienen de la cordillera, proceden de corrientes fluvioglaciales, que al final, o sea cerca de la costa, formaban enormes abanicos de eyección, que en unas partes estaban compuestos por grandes bloques y piedra menuda, mezclados con barro y arena y en otras se manifestaban casi exentos de piedras. En estos antiguos lechos de corrientes fluvioglaciales, los ríos han cavado sus cauces, quedando a ambos lados magníficas playas para el cultivo y especialmente en los abanicos de eyección, grandes extensiones planas para la agricultura, con facilidades de riego en un privilegiado clima, a relativamente poca distancia del Ecuador. Los pueblos que habían bajado de la sierra, por la inclemencia climatérica, hallaron entonces tierras vírgenes en condiciones tan favorables que con rapidez pudieron formar allá verdaderas culturas. Los jefes khollas que se establecieron en la costa, juntamente con los súbditos que les acompañaron en sus migraciones, emplearon al conquistar nuevas tierras su antigua política, la de no permitir que sus subordinados fueran ociosos. De ahí arranca el principal motivo de la existencia de las Huacas, Pukaras o Burgos. En Pachacama, por ejemplo, se nota una de esas huacas o burgos, que es una acumulación fantástica de tierra y piedras de millones de metros cúbicos, levantada quizá sobre algún núcleo preexistente. Ese enorme trabajo que yace allí, en sus diferentes secciones, tuvo tres objetos, o sea, como hemos dicho varias veces, matar el ocio de los súbditos de los khollas, limpiar las grandes llanuras de piedras y sinuosidades del terreno para ganar una mayor extensión agriculturable y llevar estos materiales para la edificación del “Burgo” con su santuario, construcción de templos y viviendas de los potentados khollas, (Fig. 8 y 9), sobre la superficie del núcleo o infraestructura; todo ello en enorme escala. Aquello es semejante, a lo que hacen hoy, — en pequeña escala —, los patrones de las haciendas, o sea hacer primero el trabajo que exige la hacienda y después ocupar los brazos, aunque sea en trabajos superfinos, para que no queden ociosos, evitando así la poltronización. Por supuesto, no pretendo ni debo entrar en detalles particulares en cuanto se refiere al culto religioso y otras manifestaciones culturales, que conforme a las creencias de sus jefes, tuvieron seguramente en cada comarca un tinte local, como se nota en la cerámica y artefactos. Trato sobre el asunto en líneas generales, pues en lo monográfico, los diversos aspectos del mismo han sido estudiados extensa y profundamente por los notables arqueólogos peruanos. El sistema al que me refiero, fue empleado no solo en las llamadas huacas de la costa, sino también en el interior, especialmente en todo lo que pude ver del callejón de Huaylas, al Norte y al Sur. La idea fundamental, repito, era siempre la misma: ocupar los brazos, limpiar el terreno a fin de ganar planos e irrigables para el cultivo, y con las piedras, tierra y arena sobrantes, edificar la Dacha. Pukara o Burgo. Volando sobre las huacas, se observa perfectamente y de manera gráfica todo cuanto digo. Se ve esos enormes llanos sin una sola piedra, sin sinuosidades sobre el terreno y se nota que todo ha sido recogido y aplanado por la mano del hombre y acumulado en enormes montones, que son los que en la actualidad se denominan Huacas, pero con el objetivo de obtener un campo agrícola ideal para el regadío Fig. 8 y 9. Por supuesto, los trabajos en la sierra son infinitamente más antiguos que los trabajos en la costa, porque el éxodo de la población de las regiones andinas, que por mutaciones geológicas se habían enfriado, no se realizó mediante una migración directa a la costa, sino que hubo previamente un periodo de transición. (17) Del Altiplano andino, con su vetusta metrópoli de Tihuanacu, migraban primero hacia los valles del Cuzco, Wilkanota, Urubaman, Paucartambo, Marañon y otros, y de allí, mucho tiempo después, prosiguió recién la migración de grupos tal vez muy numerosos hacia la costa. 17—Vease: Posnansky: La Remoción del cíngulo climatérico en el Altiplano, como factor del despueble de la región interandina, 1928 (Actas del Congreso Internacional de Americanistas New Cork y Boletín de la Universidad del Cuzco). Hay muchos motivos para suponer que no son muy antiguas las culturas que se desarrollan en el litoral del Pacífico que, repito, han sido siempre influenciadas, en mayor o menos grado, por las culturas andinas. Intuitivamente, cálculo que no pasa de mil años, cuyo máximo, la edad de las culturas de la costa. IX (*) Probablemente, ante el lector estudioso surgirá esta pregunta: ¿Y los Inkas? Por lo tanto, me refiero también a aquella muy interesante época, cuyas últimas etapas fueron conocidas por los conquistadores y por quienes les siguieron. Empero, antes de tratar de esta materia, debo ocuparme del Cuzco. Cualquier investigador que tenga amplios conocimientos de arqueología sudamericana en general, hallará en el Kuzco tres periodos principales, a saber: El periodo genuino y neto en técnica Tihuanacu, cuyo principal exponente es lo que hoy se llama Khorikancha. A esa misma época constructiva tipo Tihuanacu, pertenece una parte de las construcciones megalíticas de Ollantaytampu (18). Si ese período es efectivamente coetáneo con el de Tihuanacu, o si los del Cuzco son epígonos de aquella gran urbe prehistórica, son cuestiones que serán definitivamente demostradas mediante posteriores estudios. 18 —Al periodo Tihuanacu, cerca del Cuzco, pertenece parte de una ya famosa pared, la que he publicado en el tomo I de los Anales del Museo Nacional de Bolivia. Plancha 5 (Año 1920) bajo el título: «Templos y viviendas prehispánicas»). y en la presente obra en Fig. 10. *--- En este párrafo uso la de la manera como se deberá usar tanto en los topónimos que cuanto en palabras que tienen su origen en el Aymará y en Kechua. Luego, a aquel período le sigue el que he llamado “cuzqueño”, que aparentemente es el que ha sobrevivido más largo tiempo; se le encuentra en Carangas (19) y en la hermosa pared que se halla debajo de un edificio inkaico, en la isla de la Luna. Este segundo período cuzqueño tiene subdivisiones, de las que sería, muy largo ocuparse en cate trabajo, pues ello merece una monografía. 19 —Posnansky; Nuevas Investigaciones en Carangas. A ese período corresponden no solo la mayoría de las edificaciones cuzqueñas, sino también un largo número de ciudades monumentales en el Perú; pertenece, en primer lugar, la usurpación del período tipo Tihuanacu en Ollantaytampu, luego las construcciones de Willka-Marka, (Macchu-Picchu), Huayna-Picchu, Pisaj, Hoabamba y muchos otros monumentos y edificaciones en el Alto y Bajo Perú. Supongo yo que cae es el período que más duración ha tenido y el que, después de Tihuanacu, ha producido la más alta cultura del continente. Aquella cultura del segundo período que denomino: “kuzqueño”, ha sido usurpada en su tradición, leyes, costumbres y especialmente en sus monumentos por los que hemos venido en llamar Inkas, que en realidad pertenecen, con su cultura material, al tercer y último período del apogeo autóctono de la América meridional. Largos y más serios estudios serán necesarios para determinar cuando el período del Inkario substituyó al período kuzqueño. Lo único que podemos afirmar, hasta ahora, es que casi todas las obras del período kuzqueño, han sido usurpadas por los que, repito, hemos venido a llamar Inkas. X Antes de finalizar, sería necesario apuntar algo referente a la palabra Inka o Inga y otras pocas en cuanto atañe a los idiomas llamados aymara y keshua. Mucho antes de la existencia de la palabra “Inka” o “Inga”, existía el término Willka, Inka es un término keshua y Willka una expresión aymara (20) 20 —Referente a Willka: Véase: Vocabulario aymará de Ludovich Bertonio, Juli Pueblo 1612. Pág. 386.—Bertonio, escribió Willka con V. El título Inka o Willka toman aún los indios, cuando pretenden hacer revolución contra el blanco.—Véase Boletín de la Sociedad Geográfica, La Paz, número 56. Pg 144. Ambas significan una sola cosa. Y aquí me cabe citar lo que dije hace dieciocho años en la página 343 del Boletín de la Sociedad Geográfica de La Paz, en un artículo denominado: “Quienes eran los Inkas”, y en un trabajo profusamente ilustrado que, con el mismo nombre, presenté al XX Congreso de Americanistas, reunido en Río de Janeiro y publicado en sus Anales en el año 1930, transcribiré el párrafo de ese trabajo referente a “Inka” y “Willka”: “En todos aquellos países, hoy mismo existen lugares, cerros, ríos, etc., que tienen algo de Inka o Huillka, (Willka), como por ejemplo Inkachaca, Inka- marca, Inka-pata, Inka-cayu, Inka-pampa, Inka-cancha, Inka-huasi, Inka-layo, luka-kjasa, Inka-pujio, Inka-Huarikjasa, Inkahuarakjasca, Inka huara; Huillka-mayu, Huillca-pata, Huillkapampa, Huillka-nota; Huillka-rrarcca, Huillka-bamba, Huillkapukjio, y algunos centenares de nombres geográficos más. Todas las sublevaciones de indígenas del siglo XIX y anteriores, tuvieron como jefes a Inkas o Willkas. Casi todos ellos teman, en épocas de paz, apellidos españoles, los que cambiaron al iniciar la revolución indigenal, tomando algún conocido nombre incaico, por este estilo: Tupak-Amaru, Tupak Catari y los demás se titularon, para imbuir respeto a los indios, “Inka” o “Willka”. Hace apenas un año, apareció otra vez un Huillka. El' indio Mateo Alfaro, kazique de la comunidad Llinti, en el Altiplano boliviano, pretendía sublevar a los indios comunarios de Sicasica, Omasuyos y Larecaja, el año 1921, declarándose “Huillka” y atentando, naturalmente, contra la vida y propiedad de los blancos. El nombre de Huillka o Inka tiene aún hoy algo de fascinante para el indio del centro y de Sud América, y al que lo lleva es capaz de seguirle hasta el sacrificio”. Por supuesto, los Inkas y Willkas, o los que tomaron este título eran, sin la menor duda, khollas. (21) 21 —Como el asunto de los es demasiadamente complejo para ser tratado en el presente escrito, me refiero a lo que relaté en mi obra «Quienes eran los Inkas» de la cual tengo en preparación una reedicción con un segundo tomo. XI Ahora, es necesario tratar lo referente al capital asunto de las lenguas aymará y keshua, y con este motivo tengo, que recordar un pequeño intervalo durante mi conferencia en el Congreso Internacional de Americanistas de Lima, en el cual', después de pronunciar mi conferencia “El Hombre Pre-histórico de Tarija” (la ciudad de TullkuMarka), mi distinguido amigo y apreciado colega doctor Horacio Urteaga, me preguntó “si eran de raza keshua o de raza aymará los que edificaron aquellos monumentos”. Efectivamente, esa pregunta ha de ser histórica, pues el señor Urteaga traducía en ella la interrogación de todos los keshuistas y peruanófilos. Respondiendo a esa pregunta dije: “No conozco raza keshua ni raza aymará. Conozco únicamente khollas que hablaban y hablan las lenguas keshuas y aymará y conozco también pueblos de estirpe aruwak que hablaban y hablan una de esas dos lenguas. No hay raza keshua ni raza aymará, sino únicamente gente que hablaba y habla estos dos idiomas”. Luego, apunté en la pizarra del salón de conferencias las diferencias antropológicas entre khollas y aruwakes, dos razas que difieren como los “chinos” de los pueblos del “Asia Anterior”. Después de un cuarto intermedio, muchos me preguntaron sobre el origen del keshua y del aymará, como lenguas. Y yo respondí que para comprenderlo era necesario no solo conocer profundamente uno de los dos idiomas, sino haber estudiado con mucha dedicación ambas lenguas, en el terreno y en diversas regiones. Solo entonces se comprende que una de ellas, el aymará, es la madre de la otra, o sea del keshua, tal como Tihuanacu es la anciana Madre de todas las culturas del continente (22). 22 —Véase: Conexiones culturales México-andino. (Apéndice). Es de suponer que los keshuistas quedaron profundamente ofendidos en su amor propio, al escuchar semejante... blasfemia (¿?); pero, lamentablemente o felizmente es así... Si se pudiese oír en nuestra época, por ejemplo, el alemán que hablaban hace 2.000 años los pueblos que se llaman hoy, con o sin razón, “alemanes” y si se le comparase con el que hablan actualmente, se encontraría muchas y mayores diferencias que las que existen entre el aymará y el keshua de nuestros días. La enorme cantidad de dialectos keshuas, ha sido unificada como “lengua general” al parecer en la muy gloriosa “época kusqueña”, o sea antes del Inkario de que hablan los cronistas. Ya en mi libro “Antropología y Sociología Andina”, cuya primera edición vio la luz en el año 1937, dije en la página 18: “. . .existía una multitud de dialectos, como el Kakana, Atakameño, Potosino, Chuquisaqueño, Kochabambino, Kollahuaya, Puneño, Kuzqueño, Huanka, Kahuqui, Huamaiika, Huaylla, Hnalla, Chincha, Quiteño y una infinidad de otros dialectos que para numerarlos en todos sus detalles, necesitaríamos muchas páginas. De todos esos, el “atakameño” era el verdadero dialecto real, el más noble y el más evolucionado. “Cuéntase que cuando uno de los Inkas o Willkas, vino en expedición expansora, mandó a asesinar a más de cien nobles keshuas de Atacama”. Ahora bien, un individuo aymará inteligente, forzado por las circunstancias a ganarse la vida entre gentes que hablan únicamente keshua, domina este idioma a la perfección en menos de dos meses, hecho que he podido observar durante muchos años, en múltiples ocasiones. En cambio, no he logrado observar, a través de toda mi experiencia, que un individuo de lengua keshua aprenda con igual facilidad el aymará. Para el individuo de lengua keshua, es mayormente difícil aprender el aymará, pues el keshua es sin duda un idioma más melódico y evolucionado. No pretendo dictar una lección de filosofía o de lingüística comparada, pero la realidad es ésa. El fino idioma keshua es la cristalización, o mejor dicho, la sublimación del rudo aymará, el cual como una reliquia arqueológica se ha conservado en muy pocas regiones del Perú y de Bolivia, en islas lingüísticas que son circundadas por el mar de la lengua keshua. Los Inkas, como khollas netos, posiblemente hablaban entre ellos el aymará como lengua esotérica ajena al conocimiento del vulgo aruwak. XII Ahora, en cuanto se refiere a la antigüedad del hombre en el continente y al supuesto aporte del hombre de otra parte, en mi conferencia, “América tierra de origen del hombre americano”, dictada en San Marcos, en Septiembre del presente año, hice una dura crítica a aquellos que pretenden, con ligeros argumentos, traer al hombre americano, “de los cabellos”, de otros continentes. Desgraciadamente, en las escuelas de muchos países de América, aún se enseña al niño que el origen y la cuna del hombre americano se hallan en Asia, basándose en la ya archivada teoría del Estrecho de Bering que sirvió “de camino a las migraciones”. Como juzgo que estas teorías están completamente refutadas, publico en este opúsculo, solo como apéndice, el tema general de la conferencia que di en la Universidad de San Marcos. En lo relativo a que diferentes ocasiones pudieron haber inmigrado gentes de otra parte, antes de Colón a la América del Norte, y luego a la del Sur, antes de Pizarro, la suposición es no solo probable, sino segura, ya que de ello existen múltiples pruebas. Y de esas pruebas tal vez la más importante es el hallazgo de “perlas Agri”, en sepulcros indudablemente anteriores a la conquista. Sobre el particular indico mi trabajo: “Precursores de Colón y las Perlas Agri, etc.” (23) 23—Posnansky. Precursores de Colón.—Las Perlas Agri y las representaciones sobre tejidos arcaicos como prueba del Descubrimiento de América antes de Colón (Boletín Soc. de Historia Argentina). Buenos Aires 1933. Viamonte 430. Pero no existe la menor duda de que, aparte de los portadores de las perlas Agri, vinieron también de otras partes gentes que fueron arrojadas por el azar a las costas del Pacífico. Luego, es muy probable que esas gentes hayan traído con ellas, en muy poca dosis algo de su “civilización” y hayan llegado a influir muy superficialmente en la cultura material de uno u otro sitio americano, pero nunca en forma radical, o sea al extremo recambiar la esencia de un estilo o modificar las ideas religiosas. Me abstengo de criticar los absurdos prenunciados por Max Ühle en el Congreso de Americanistas de Lima, porque el público que le escuchó dio ya su veredicto, traducido en la sonrisa disimulada con que oía las raras explicaciones de aquel señor, indiscutiblemente respaldadas en el prestigio de sus canas y de su decrepitud. Lo que Max Ühle inspiro en el auditorio, no fue más que una benévola paciencia para escucharle, en consideración a ciertos méritos adquiridos por haber sitio el primero que realizo en el Perú trabajos en materia arqueológica. XIII Ahora, en cuanto se refiere a los objetos de Parakas, hallados junto a momias por el notable arqueólogo Dr. Julio Tello, — objetos que han abierto nuevos horizontes a la investigación arqueológica peruana —, no creo que la admirable cultura que se manifiesta en la enorme cantidad de material encontrado en aquel sitio, sea oriunda de la costa, como tampoco creo que esos objetos hayan sido manufacturados en la misma región, o sea por ejemplo en los lugares prehistóricos donde ahora se levanta Pisco e Ica, Cerro colorado, Cabeza larga, etc. Supongo más bien que esos objetos proceden de la sierra o, más concretamente, Cuzco, por las consideraciones siguientes: Sabido es, por los relatos de todos los cronistas e historiadores de la época de la conquista, que en lo que se refiere a vestimenta, no se halló nada que, siquiera lejanamente, fuera comparable con la extraordinaria técnica, delicadez y finura de todo cuanto el doctor Tello encontró en las tumbas, o mejor dicho, en los “depósitos de Parakas”. Tampoco nada semejante hallóse grabado en los famosos Kerus (24) de madera, que son los mejores documentos que nos quedan de la última época del Inkario y en cuya superficie se han conservado en brillantes colores los dibujos de los trajes, indumentaria, etc. de la época inkaica. Nada se halla, en fin, que pudiese igualar a los objetos de fantástica 24 —Los Kerus y su técnica han pasado aún a la época de la conquista. Se encuentran vasos de esta clase, de casi indestructible madera, con dibujos que ya hacen referencia de cosas que tiene conexión con hechos y costumbres posteriores a la Conquista. (Véase también en la Revista del Instituto de Etnología. Universidad de Tucumán. Tomo II. 1931. Posnansky: Leyendas prehistóricas sobre 2 . Por lo tanto, es de suponer que esos objetos proceden quizá de una época anterior a la que hemos venido en llamar Inkaica, o acaso hubiesen sido confeccionados en el período de auge de la brillante “época kuzqueña” Entre lo mucho que han dejado a la posteridad las culturas de la América pre-histórica, solo esos objetos son dignos de los monumentos maravillosos que construyeron en el Kuzco. Los potentados que vivían en aquella lejana época, convencidos de que los cadáveres y todos los objetos fabricados de material orgánico, tenía vida efímera en la húmeda región cordillerana, trataron de buscar y hallaron sitios, en otras partes, donde podían conservarse los cuerpos (Momias) y toda la magnífica indumentaria y atributos funerarios, por tiempo ilimitado. Y esos lugares, verdaderos conservatorios, son ciertos trechos de la costa del Pacífico. En esa región y en un sitio adecuado que hoy se llama Parakas, a que líos potentados mandaron cavar piques a bastante profundidad, extrayendo la tierra y formando verdaderas cavernas o salones subterráneos, cuyas paredes, — por ciertas condiciones estratigráficas de impermeabilidad —, no permitían las infiltraciones de agua o siquiera la entrada de aire húmedo. Y allí depositaban los cuerpos de los “Inkas” o “Willkas”, de sus principales y familiares. He medido numerosos cráneos de momias encontradas en Parakas, que resultaron ser de Khollas. Parakas está aproximadamente a 139 50' grados de latitud y el Kuzco a 13º 31' 24" y la distancia en línea recta entre ambos puntos es solamente de 4 grados. Luego, cómo no hubiera sido posible que se llevaran las momias de los notables hasta ese mismo sitio, tan secreto, no sólo para salvarlas de 1:1 destrucción material, sino también de la profanación de ambiciosos? En el lugar donde fueron encontradas las “momias” se hizo un “camouflage” perfecto, y nada en la superficie indicaba que abajo se hallaban tan magníficos tesoros. Por pura casualidad fueron hallados esos depósitos, que albergaban los exponentes de una cultura excelsa. Otro de los indicios que contribuyen a afirmar que la cultura de Parakas es andina, lo constituye la gran influencia del estilo Tihuanacu en las obras de arte encontradas en dicho punto, obras que son un bello barroco de aquel estilo clásico. XIV Juzgo aún que son necesarias algunas palabras sobre la ascensión y decadencia de las culturas de la América Meridional. Por los múltiples estudios hechos en el terreno, desde hace largo tiempo, parece que es posible llegar a la conclusión de que los prolegómenos de la actividad del hombre en América, tuvieron lugar en el Altiplano ínter-andino, donde antiguamente hallóse una gran acumulación de agua, una especie de mar en los Andes, con múltiples islas que cobijaban a primitivísimas culturas. Una de esas más grandes ínsulas o penínsulas, ha sido la de Tihuanacu (25), región en toda la cual se advierten vetustas y primitivas señales de la actividad humana, en una verdadera escala ascensional de cultura, que arranca desde una época muy lejana. Poco a poco, de acuerdo a la escala evolutiva, parece que se desarrollaron en la región aludida las actividades del hombre, hasta aproximarse a cierto estado de civilización, o sea hasta llegar al primer período de Tihuanacu. 25—Sólo por medio de nivelaciones de precisión y estudios geológicos conscientes, se ha de poder determinar si Tihuanacu ha sido entonces, ínsula o península. Entonces el hombre edificó sus viviendas debajo del suelo, — semejantes a las descubiertas por el Dr. Tello en Katac (Recuay) —; talló ídolos muy rústicos de piedra blanda y, juntándolos en forma urbana, construyó también su primer templo subterráneo o semisubterráneo y puso los cimientos para un Burgo, diremos una Pukara, y para otro templo, que probablemente se hallaba dedicado a la Luna (Puma-Punku). Ese no era solamente el despertar del sentimiento religioso y artístico, sino el primer principio de una cohesión política. Después de ese período sobrevino, por motivos que aún no sabemos, una suspensión de las actividades culturales. Probablemente, motivos climáticos determinaron esa tregua. Posteriormente, transcurrido un largo tiempo, se reanudaron las actividades culturales en la región andina escogiéndose, aparentemente, el mismo sitio y aprovechándose las obras que habían sido ya comenzadas en la época anterior. La musitada actividad del habitante de la región ínter-andina formó el II periodo de Tihuanacu, ascendiendo enormemente la cultura del hombre inter-cordillerano. Empero, por razones igualmente desconocidas, hubo una paralización de las manifestaciones culturales, a la que luego siguió una nueva “ola cultural” que hemos dado en llamar el III período de Tihuanacu. Cada uno de esos períodos tuvo su estilo y su técnica especial, su religión y su diferente orientación en sus edificaciones. Y también cada uno de esos períodos, tuvo una larga duración . 26—Véase los diferentes trabajos del autor, referente a la edad de Tihuanacu, en la lista bibliográfica, al final de cada obra, especialmente en En el último período de Tihuanacu, o sea en el III, el arte y la ciencia llegaron a su más alta expresión. Particularmente la ciencia astronómica, que daba fechas exactas para las faenas agrícolas, llegó a un apogeo que muy poco tiene que envidiar a la ciencia contemporánea. A esa época de esplendor cultural, sucedió un nuevo intervalo de inactividad cuya causa, — como ya sabemos —, fue la erupción del volcán Khapphia, en la península de Yunguyo, y la consiguiente inundación de viviendas y monumentos principales en los alrededores del lago. De ahí resulta que la cultura de Tihuanacu, después de haber llegado a su más alto nivel, dejara inconclusa su portentosa metrópoli. La obra del tiempo y la mano perversa del hombre concluyó la acción destructora del volcán y las admirables construcciones de Tihuanacu nunca más fueron reiniciadas. Luego vino un período de diáspora, un período de emigración y dispersión y parece que el hombre americano pro curó reanudar sus actividades en climas más benignos que del Altiplano, que se transformó inclemente.
La ascensión cultural cuyos primeros escalones tuvieron su origen en Tihuanacu, se prolongó en el Kuzco, el Ollantaytampu y más al Norte, llegando posiblemente hasta México y otras regiones. Sin embargo, en sus nuevas obras, los emigrados no pudieron aproximarse, ni lejanamente, a los portentosos monumentos que abandonaron en la meseta andina. En la cordillera alboreó un nuevo período cultural, el llamado “período kuzqueño”, con una técnica especial que se extendió aún en la región Ínter-andina. Ese período fue de una largísimo duración y tuvo muchas sub-divisiones, Al finalizar el período kuzqueño, se paralizó nuevamente la trayectoria ascendente de la cultura del hombre americano del Sur y se produjo un nuevo éxodo, pero ya hacia la costa del Pacífico. Geológicamente hablando, ese litoral había emergido recientemente, presentando tierras buenas para la agricultura. Quizá simultáneamente o posteriormente a ese éxodo, surgió el período que se ha venido a llamar Inkaico, o sea el último destello de la cultura del hombre de la América Meridional. Sin la menor duda, el período del Inkario tuvo también subdivisiones, pero todo ese ciclo cultural vivió ya su etapa de decadencia, puesto que no existía la cohesión política que nos cuentan los cronistas y viajeros; puesto que un pequeño grupo de europeos, que se denominaron conquistadores, dieron fin, en pocos días a la independencia de dos grandes razas. De suerte que en vez de evolucionar hacia la más alta cumbre, la cultura americana descendió bruscamente y reemplazada por una civilización importada de Europa, que destruyó los ídolos y el sagrado “signo escalonado” de aquella cultura, plantando en lugar de este símbolo la Cruz del Redentor.

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